Librerías de Viejo

Notas editoriales

La biblioteca del maestro

Había más de ochocientos libros. La mayoría eran libros de texto, guías pedagógicas y manuales de educación básica que cubren medio siglo de reformas a los planes de estudio. Entre ellos, tres piezas que el maestro nunca supo que tenía.

Llegamos un martes. La familia había organizado los libros en cajas numeradas y cada caja tenía una lista hecha a mano. Ochocientos cuarenta y dos volúmenes. El maestro había enseñado biología en secundaria durante cuarenta y dos años y había comprado libros con el mismo método que usaba para enseñar: sistemáticamente, por temas, sin saltarse nada.

La mayor parte de los libros eran exactamente lo que parecían: guías de la SEP de varias décadas, manuales de didáctica, antologías escolares. Libros necesarios en su momento, sin valor bibliográfico hoy. La hija preguntó si todo valía lo mismo. Le dijimos que casi todo, sí.

Pero en la caja quince, entre una antología de Ciencias Naturales de 1976 y un manual de planificación educativa, había un ejemplar de los Elementos de Zoología de Alfredo Dugès, edición de Guanajuato, 1884. En la caja veintidós, un cuadernillo mecanografiado con poemas de Pellicer, firmado. En la caja treinta y uno, un libro de botánica ilustrado, encuadernado en tela, con el sello de una biblioteca particular que había pertenecido a un médico de Jalisco en 1912.

El maestro no había comprado esos tres libros en ninguna librería especializada. Habían llegado con el tiempo, como llegan casi siempre: en ferias del Chopo, en algún puesto del mercado, en el rastro de libros de una parroquia. No los distinguía de los demás porque para él todos eran libros, y los libros valían lo mismo.

Eso, precisamente, es lo que hace necesaria una revisión.

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